jueves, 24 de julio de 2014

FREAKS O CÓMO SENTIRTE COMO DIANE ARBUS TRAS VER ÉSTA PEQUEÑA PELÍCULA.

Ayer tuve el placer de visionar Freaks (La Parada de los Monstruos en su título español), dirigida por Tod Browning en 1932; film de poco más de una hora de metraje, donde se nos muestra un circo en el que habitan unos seres muy diferentes a los humanos corrientes.

Estos seres, deformes, mutilados, algunos incluso con deficiencias mentales, enanos, mujeres barbudas, etc., son exhibidos en el circo ante el público como si de bestias se tratara, como verdaderos monstruos, sirviendo en su mayor parte para mofa del personal, así como siendo el blanco de las burlas de aquellos compañeros de carpa que se creen superiores por ser “normales”. La historia se centra en Hans, un enano de origen alemán que vive enamorado de la trapecista del circo, una bella mujer rubia, que mantiene una relación con “Hércules” el fortachón del lugar; no obstante ésta el único interés que tiene en el pequeño Hans es el de aprovecharse de la fortuna que ha heredado, aceptando todo tipo de regalos que éste le hace, accediendo posteriormente a unirse en matrimonio con él para acabar con su vida y ser la que posea la fortuna del cegado Hans, en un plan trazado con Hércules, sin embargo el pequeño hombre hace oídos sordos a los avisos de la que era su pareja, una mujer similar a él que se percata de las intenciones de la trapecista. Finalmente, destapado el pastel, Hans con ayuda de sus amigos “raros” y otros dos trabajadores del circo con los que mantienen amistad, trazan un plan para vengarse de la pareja que se ha aprovechado de él y que en numerosas ocasiones se han burlado de todos.


Procediendo ahora a analizar temas que se tocan en el film, debemos destacar el de la marginación por ser “diferentes”. “Ellos no pidieron nacer, pero vinieron al mundo” como bien dice el hombre que presenta al monstruo al principio de la película (que será la trapecista, pues el grueso del film es un flashback). Un tema de actualidad aún hoy, donde se margina incluso a personas que se supone son “normales” por el simple hecho de llevar una apariencia diferente, tener otro color de piel, o mostrar ideas contrarias; esa monstruosidad que se asocia a los seres que vemos en el film es solo una construcción social, mostrándose la verdadera monstruosidad en los seres “perfectos”, quienes son los que llevan a cabo los abusos y las burlas hacia ellos, que finalmente deben actuar de forma brutal, no porque sea su condición, sino porque la única manera que tienen de obtener el respeto de aquellos que no se lo han tenido anteriormente es esa. Sacamos el mensaje de que todos somos iguales, pero a la vez diferentes, los pinheads, como expresa su cuidadora en la escena del parque, son niños por ello los lleva allí, para que puedan comportarse como tal.
La amistad juega un papel importante, los “freaks” son una piña entre ellos, si te metes con uno te metes con todos, ya que éste es su mecanismo de defensa y supervivencia para poder sobrellevar los problemas que les sobrevienen por su propia condición innata. Se muestran como personas de buenas intenciones, y nunca faltan el respeto a menos que hayan sido ofendidos previamente, por lo que gozan de una dignidad aún mayor que el resto. Es aquí cuando recuerdo a la fotógrafa Diane Arbus, la cual no me extrañaría que adorase ésta película, y a su afición por fotografiar a aquellas personas que vivían ocultas de la sociedad, que eran fruto de rechazo por los cánones de belleza implantados y que incluso molestaba mirar, si en los retratos que Arbus hizo, sus modelos mostraban una dignidad que los hacía únicos, una autenticidad nunca vista hasta entonces en el retrato, que iba más a capturar la belleza que la fealdad, el polémico film de Browning nos hace ver perfectamente esta dignidad que comento en estas personas especiales.


Siendo una película bastante moderna del Hollywood clásico, articulada con la presentación de una supuesta bestia, que no se verá hasta el final de la película, en el que volvamos al mismo punto donde ésta comenzó tras el largo flashback en el que se relata cómo esa persona pasó de ser una reina de la belleza al monstruo que es en ese momento. Con una puesta en escena que refleja en gran medida la crudeza y la sordidez de un circo ambulante, en perfecta armonía con el tono del film; realismo y crudeza en un Hollywood que en 1932 comenzaba a mostrar cada vez más interés en aquellos géneros que formarían el grueso de su Edad Dorada envuelta en glamour. Aquí el mensaje impacta, y por suerte el tiempo ha situado a ésta película en lugar que se merece, el de los títulos de culto.

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